Espiar...

Cuando quieras descubrirme, puedes acercarte
para desembasar mis penas
y sanar mis desequilibrios.
Puedes pararte del otro lado de la tabla
e intentar sostenerla conmigo,
aunque alguna que otra vez uno tenga que soportar más por el otro.
Todo lo que yo puedo hacer por ahora es mostrarte que aquí está la caja,
con la tapa encima y a la espera de que alguien
(tú)
la levante y se anime a espiar lo que hay dentro.