Que lo diga el viento

Casi me quema el sabor amargo del silencio. Necesito gritarlo hasta perder el aliento. Hasta que mi garganta se desgarre por no mencionarte, por no soltar las ganas que se me acumulan en el pecho en cada palabra que disfraza mi verdad.
¿Cuánto tiempo aguantarán mis latidos?
¿Cuánto esperará mi instinto para acceder a la transparencia que hoy aún no respiro?