La buena traición

Moriré hoy, por decisión propia, dejando atrás esta mezcla pastosa de semillas ajenas que nunca regué. Mientras no me veías sembré mi propio espécimen. Tu sufrida mutación abrirá la tierra desde lo más hondo y florecerá en colores que no fuiste capaz de imaginar.

Puedes ofenderte porque te he traicionado, o celebrar mi creación; puedes exigir que salde la deuda contigo y eso no importará. Mi decisión seguirá siendo la misma: mataré a la versión de mí que quiso rellenar tus pozos, que jugó el rol de perpetuación.

Hoy moriré entre tus lamentos y tus indicaciones, en este ataúd que predestinó mis días de vida (es decir, las de esta cara que pediste que fuera).

A partir de hoy renaceré en mis ocurrencias de piedra y dejaré entrar lo que crea oportuno para nutrir mi planeta, al que serás bienvenido con los brazos abiertos para volverme a conocer.