M

Cuando el silencio me acompaña, me quito el disfraz. Vuelvo a ser ese puñado de dudas que no dejan ver lo demás. En alguna esquina de mi esencia hay una luz todavía tenue esperando por salir. Agobiada por las normas y prejuicios, escondida en la sombra. El temor, una barrera. No se la juega, no quiere sufrir. Prisionera, el secreto la encierra, cubre una libertad cuyo sabor aún no percibe, pero ansía.
El reflejo me contradice. Sabe de este desencuentro que un día surgió. Y la confusión, las preguntas, las respuestas que tengo aunque no quiero dar. El vacío, la ausencia de la pieza que falta, la soledad... ¡estamos del mismo lado! No sé por qué me enojo. Es quizás la configuración que me implantaron de, lo que dicen, es descabellado.
Conozco la palabra, pero me niego a que me defina. Poco a poco me perfora el dolor de mentirme, y la disconformidad crece. No sé cuánto falta para que me domine la fatiga de callar.