Dejame enamorarte.
Regalame unas vueltas más del maldito reloj
para admirarte.
Entendé que no me alcanza respirar tan poco de tu aire.
Para embriagatme con tu fragancia,
para observarte desde las sombras.
Cortemos la distancia.
Estoy detrás, date vuelta
nada más.
No sé si descifrás,
en tus pupilas abismales soy paleontóloga.
Cuando me mirás, adquiero dos faros.
Y después no puedo sacar de mi cabeza tus luces.
Me enceguecen.
Y aún peor es que al irse, me pierdo.
Me hundo en la violencia del océano.
Y paso otra semana esclava de ese preciso momento
en que los faros me vuelvan a guiar.