El hilo

Los ojos eran el único hilo conductor,
porque nunca hubo otra cosa,
porque no sé nada más que su color exacto,
su tamaño,
el diámetro de su brillo,
sus contornos delicados,
sus posturas escondidas,
sus verdades,
sus culpas,
sus sospechas,
sus vergüenzas,
sus negaciones.
Entonces sueño
esas miradas,
desde lejos conectadas,
no hay más que su lazo invisible,
inexplicable,
inalcanzable,
infinito.
Aún así las manos quieren ir por más
y las bocas, besar
y los cuerpos gritar,
y los pulmones evacuar,
suspirando en lo realizado desde un eterno divagar.
Por favor, ¡basta!
Que los límites me están matando
y la intriga me está dominando
y yo no sé parar.