La gota que rebalsó era una llama encendida, que se escapó del fuego para quemarme. De repente, todo lo impensable se volvió probable, todo lo inalcanzable se hizo posible, todo lo pudoroso devino valiente. Ahora no hay nada que frene mis ansias, nada que me pueda parar. Apuesto todo a aquello que no quiere salir de mi cabeza, ni día, ni noche.