Es penetrante el impacto de la guitarra eléctrica que puede desgarrarme tan profundo aún tanto tiempo después. La herida ya no sangra, no duele. Pero a la vez es un alivio eterno saber que esto no lo volveré a vivir nunca más.
Si me sumergiera sólo un poco, sin demasiado esfuerzo, podría sentir esa mismísima sensación de estar en carne viva, a punto de morir de dolor. Esta canción revive mis latidos más sufridos, me transporta a los segundos más tortuosos que pasé en su momento.
Y a simple vista, tanta gente la pasará por alto... Escucharla me hace volver a percibir cómo el mundo sigue girando como todos los días, sin alteraciones. 
Supuestamente estoy ahí parada. Si me atrevo a permanecer, es porque en mi casa sólo podría seguir ahogándome en las lágrimas. El color de la música es pura energía y alegría, mientras en mi visión todo está teñido de un profundo negro pesadilla, cargado de vacío. Sin que lo pueda evitar, pinta a la canción, al instante, al recuerdo, lo contagia todo.
Y cómo me dolió.