Un día más entre los vivos. Un día más de elecciones, de posibilidades, de caminos. Un día más de respirar y entender la suerte. Estoy acá. Estoy viva. Lo sé, porque sé lo que es morir. Morir es no poder sentir más. Que el frasco se quede vacío. Morir es desear y no poder apagar los latidos del corazón. Es ver cómo todo alrededor pierde el sentido. Cómo el vapor del café de la mañana deja de dibujar formas en el aire. Cómo los pasos ya no piensan adónde ir, solo se dejan llevar por lo que les digan. Que el vino no sea ya un placer sino ese agujero negro donde te ahogás para irte de la realidad. Los amaneceres son una tortura, el comienzo de otra pesada eternidad. Morir es perder el interés por conocer, soltar a ese niño que vive en vos, lleno de curiosidad, y convertirte en un ente gris que se sienta a esperar el final. El tiempo no es aliado, es enemigo. Sigue avanzando sin importarle que lo quieras matar. Morir es despreciar la vida. Morir es estar en una cárcel imposible de destruir.
En definitiva, morir es no entender el regalo que recibimos.
Se puede morir muchas veces en vida. Pero los momentos solo se pueden vivir una vez.
No cuestiono tu tristeza, solo te propongo:
¿Y si abrís los ojos?