No somos compatibles. No
encajamos cuando a la mañana querés ser cariñosa y yo todavía estoy congelado
en mis sueños nocturnos. No somos compatibles porque vos sos de paseos
culturales y yo de mates en el pasto. Vos tan noche de alcohol y charla, y yo
tan día de sol y picnic. Vos en tus rayes, gritona como ninguna, llorás de
rabia y te encerrás. A mí nada me altera y te parece que no me importa pero por
dentro el piso tiembla y yo intento conservar la calma con todo el trabajo que
hice para lograr esto. Prefiero salir a fumar, y vos me seguís gritando con la
mirada, con esos ojos de dulce de leche sufridos que se tratan de esconder en
una lámina acuosa y fracasan. Son tan frágiles. Y yo que una parte de mí se
muere por abrazarte y la otra quiere echar a patadas el enojo para que se vaya
bien lejos, y después volver y hacerte el amor para reconciliarnos, con furia,
con suavidad, con paciencia y con más amor del que tuve nunca.
No somos compatibles. Cuando vos
querés fuerte, yo quiero despacio, y viceversa. Y de repente me bailás lento y
estoy en éxtasis aunque quería lo contrario, y a veces me sorprendés con tu
apuro y desenfreno, y alterás la calma que habitaba en mí. No me importa. Todo
siempre se desvirtúa con vos. Por eso no somos compatibles. Porque vos y yo
somos como el agua y el aceite, y nos queremos juntar y constantemente nos
separamos. Pero al mismo tiempo es imposible despegarnos, la fuerza de gravedad
que une a estos dos líquidos es invencible.
No somos para nada compatibles
porque vos te reís y me destrozás el mundo, porque se me va de las manos la
chance de hacer que me quieras al lado eternamente y a veces el miedo me maneja
y salgo corriendo como un cagón, y en verdad quiero decirte lo muy enamorado
que estoy pero eso rompería la regla de la ida y vuelta que somos, esta
asquerosidad hermosa de conflicto, esta especie de juego que espero nunca acabe
ni deje de divertirnos.
Somos así. Incompatibles. Tan
incompatibles que lloramos juntos cuando dejamos que todo se vaya a la mierda
aunque en el fondo sabemos que no queremos dejarnos ir. Somos tan, tan
incompatibles que cuando vos estás mal yo estoy re bien y te revoleo mi alegría
por la cabeza hasta sacarte de ese estado contrario, y vos hacés lo mismo. Si
estoy abajo, encontrás la forma de estar en la otra punta para hacerme catapulta
y terminar allá arriba con vos.
Somos tan incompatibles que
alcanzamos la perfecta imperfección.