"Final feliz"

"En la educación tradicional hemos perdido una emoción muy poderosa: la alegría. Hoy se estudia con miedo, rabia, ansiedad y culpa, porque nos van a medir con una nota que probablemente esté entre el 1 y el 10. Sabemos muy bien la emoción asociada al fracaso y nos vienen a la mente preguntas como ¿si respondo mal, qué dirá mi profesor?, ¿qué pensarán mis compañeros? y ¿cuál será mi castigo por fallar?
¿Dónde podría haber alegría al estudiar de esta forma? ¿Dónde ha quedado el entusiasmo por aprender?"
A las personas bien moldeadas por el sistema educativo, como yo, nos cuesta equivocarnos por esto: nos marcaron bien el aprobado y desaprobado, el responder como el otro espera y la presión de cumplir expectativas. Queremos hacer todo bien. ¿Qué es bien? ¿10? 10 es un número que te escribían en un papel al que llamaban boletín y que tenía el poder de definir tu futuro. Muchas veces envidio a la gente que despertó antes que yo y pudo cuestionarse lo que nos imponían. Por mucho tiempo mi cabeza quería aprender y progresar, sí, pero jamás hacia una meta propia. La única posibilidad era la que me habían contado y a la que obedecí sin dudar.
Hoy me atrevo a decir que estoy aprendiendo -y con mucha alegría- que hacer las cosas bien es sentirme en paz conmigo, sentir que nadie me roba el tiempo ni me dice cómo tengo que hacer para encajar en el sistema; sentir que acepto lo que me sucede y lo trasciendo, y me preparo para lo que viene porque en la vida no te entregan título... no hay punto de llegada. Hasta que me muera, una y otra vez tendré que aceptar y resolver las situaciones que se me presenten, y me sienta bien o mal tendré que sacar el jugo a la experiencia así no haya tenido un "final feliz" (aunque también nos mintieron que existía eso). Un 10 es un final feliz. Una alianza social (matrimonio) es final feliz. Un rol social (madre) es final feliz. ¡A la mierda! Final feliz es cada vez que yo quiera.