Muy valiente para estar sola,

Muy cobarde para estar acompañada.

Me pregunté qué beneficio me da sentirme poca cosa. La respuesta fue que llevar la carga de ser mucho es pesada para mi espalda, porque en el fondo considero que eso hay que sostenerlo con cierta rigidez, lo que me convierte en una tirana autoflageladora.

SI una vez fuiste mucho, después no podés fallar. Ahí está el problema. El deber ser: amoldar todo al deber, a la obligación y a la exigencia. Pero entonces, ¿qué hay, si no deber?

Deseo. Deseo de ser, y no de cumplir. Ser por y para ser.

El problema es que mi chip se conformó en el deber ser de la palabra de los demás. Ahora este programa viejo está agarrado con uñas y dientes. No tengo campo de visión ni movimiento: debo ser como quiera el otro, pero el otro no me dijo cómo quiere que sea, por lo tanto estoy haciendo malabares entre lo que supongo que piensa la otra persona y lo socialmente aceptado y considerable. EL resto es ajustar.

No hay lugar para el deseo.

Soy lo que quieras. Si querés que sea algo, lo soy. SI querés que no sea nada, no soy nada. Si decís que no valgo la pena, entonces no valgo la pena. Vos podés seguir con tu vida sin mí, y yo conmigo torturándome en la mente con estas sensaciones desoladoras que no sé cómo arrancarme.