Me quejo una, y otra, y otra vez. Aconsejo a las personas que eviten el dolor, que atajen las heridas, los intentos fallidos de triunfar y que todo salga al revés. Todo para ahorrar tiempo perdido. Para no dedicar minutos de posibilidad a lágrimas momentáneas. Me repito que hay que vivir la vida y ser feliz. A veces no me arriesgo sólo para no perder. No soporto la amargura del error, ni la acidez del sufrimiento. Creo en la chance de una trayectoria sin traspiés.
Hasta que adorando el paisaje que se fuga tras la ventanilla en la ruta, enfoco mi mirada en el vidrio, y me encuentro con algo que jamás había sospechado: en el reflejo, el tiempo va hacia atrás. Tal cual lo digo. Las agujas del reloj giran hacia el lado contrario.
¡¿Vivir la vida?! ¿Qué puedo saber yo de eso, que pretendo hacer zig zag a las piedras? ¡Fui tonta, muy tonta! Ingenua al creer que existía un mundo así. No sé en qué pensaba.
LA VIDA ES ESTO. ES REIR, PERO TAMBIÉN LLORAR. ES DISFRUTAR Y SUFRIR. ES ACERTAR, AUNQUE SÓLO DESPUÉS DE ERRAR. ES ARRIESGAR ASUMIENDO LAS CONSECUENCIAS. ES AFRONTAR, TENER LA INICIATIVA DE VEZ EN CUANDO, Y OTRAS VECES ADAPTARSE A LO QUE NOS DEPARE EL CICLO.
Al fin y al cabo, estamos hechos de esas vueltas hacia atrás en el reloj... Lo que transitamos, lo que asumimos, lo que aprendimos. Somos la forma que tomamos en cada paso y la evolución de lo que alguna vez fuimos. Somos un puñado de cicatrices.